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domingo, julio 09, 2006

Delfín Prats: Yo tengo un mal karma

La casa de Delfín Prats es ruidosa, penúltimo sitio en el cual se refugiaría un poeta. Construcción moderna de cemento y placa con el interior pintado de azul, enlosado el suelo, enrejadas puertas y ventanas, de pequeño espacio, escueta. Pocos muebles utilizables dentro: tres sillas de bagazo y un sillón defectuoso. Desde el otro lado de la pared, en su cuarto-cocina, asoma una cama de hierro. Lo demás no logra verse pero él lo ha dicho: “Tengo un radio junto a la cama.” Y posee más, una bicicleta cubana, una hornilla eléctrica criolla, y un gato. Libros no tiene; ni siquiera los suyos.
Se encuentra en una esquina del reparto Pueblo Nuevo de Holguín. De las calles que la limitan la más ruidosas es la de al lado, y eso a Delfín lo fastidia muchísimo: “El problema es que hay mucho ruido”, se queja. “A mi molesta mucho vivir frente al ruido porque no puedo ni leer ni escuchar música”. Oyéndole, uno empieza a entender lo que de él se dice: extraño, escurridizo, humilde. ¿Por eso prefiere el campo?
Es un problema rusoniano, no de ruso, si no de Rousseau. Es mi necesidad de buscar paz, sosiego. Me gusta la naturaleza. En un lugar donde no haya ruido disfruto más la lectura, quizás hasta se me ocurre una idea para escribir.
Y hace mucho tiempo que no escribe. Tanto silencio por parte del poeta ha dejado una traza de inquietudes a lo largo de este país. Unos se preguntan: ¿Se habrá muerto?, y el poeta duda pensativo: “¡Se habrá muerto!”. Otros quieren saber: ¿Se habrá ido del país?, y aún más pensativo, subraya: “¡Sí señor! Se habrá ido del país.” Equívocos como en un vodevil. Si allí está, o por ahí va, o aquí estuvo. Lo más fácil del difícil mundo de Delfín Prats es encontrarle, verle, hablarle en los últimos tiempos.
Ahora mismo estoy tratando de empezar a trabajar en la promotora literaria “Pedro Ortiz”. Intento realizar una labor más relacionada con la literatura.
Y uno duda, ¿cómo es posible que un poeta como él se haya apartado de las palabras, de la creación?
A veces quisiera estar escribiendo porque sería una válvula de escape; pero…tengo mucho miedo. Como considero logrados algunos de mis poemas, de pronto empezar a escribir… y que eso que escriba no quede al nivel de lo logrado. No quisiera escribir dentro de una retórica, tampoco volver a repetir mis viejos aciertos.  
En los últimos años no he producido ningún libro, pero vamos a confiar que en el futuro sí se produzca algo.
Y solo queda esperar; y apostar por que no vuelva a escabullirse a todos los montes de esta provincia.
Fue a mi regreso del evento La Isla entera, celebrado en Madrid en 1994, cuando me fui a vivir al campo. Me sentía bastante mal entonces. La vida me resultaba un poco difícil. Todavía me resulta difícil adaptarme a la gente, tratar con muchas personas.
Tres años vivió en el lugar donde había nacido, la Cuaba, a ocho kilómetros de la ciudad de los parques entre gatos, perros, gallinas, “a una distancia prudencial de mis parientes.”
De pronto me entró una locura y fui a parar a San Rafael donde sí de verdad me sentí muy mal porque, entre otras cosas, me robaban.
Una grabadora, dos sábanas. Dice que tenía al ladrón allí mismo.
Luego estuve recorriendo los campos durante gran tiempo pues no tenía donde vivir. Alquilaba o me prestaban. Viví en El Coco, en una casa que ya no existe porque después que yo me fui se la llevaron a pedazos. Cuando me asignaron esta me mudé muy contento, pero tengo mucho ruido.  
¿A qué tanto le huye el poeta? ¿Acaso a los contratiempos de antaño? ¿Al personaje literario que en el libro de un antiguo amigo apareció diciendo ser el verdadero Delfín Prats? ¿Al extraño animal que, en Litografía, confesó lo visitaba?
La historia de ese poema tiene su origen en la litografía de un grabador llamado Espinosa Dueñas. Se nombraba precisamente así, Animal extraño. Lo había visto en alguna de las exposiciones que visitaba. Una noche vino el poema. Surgió así: “Un animal extraño me visita, sin anunciar su inesperado arribo, abre la puerta, callado se desliza”, etcétera, etcétera. Es uno de los poemas míos que más me gusta. Todavía me sigue gustando porque es extraño. Quizás tenga elementos de surrealismo. Plantea una problemática que tenía mucho que ver con mi propia persona. Viene siendo toda aquella cosa que uno tiene de oscuro, de animalidad tal vez; eso que te amenaza la existencia, que te pone en peligro.
Se sabe que son muchas las causas capaces de poner en peligro la estabilidad diaria de este señor. Y es probable que se escurra entre ordinarios cometidos para despistar a muchos, conducta que algunos atribuyen a cierta pose. Podría ser. Sin embargo, parece un poco menos: solo artimaña, capacidad para transformarse hasta lograr una rara invisibilidad.
En la propia promotora cultural Pedro Ortiz, donde intenta establecerse y donde le he visto por primera vez, aparece en el lugar menos apropiado para un lírico de su clase: en un pantri colando café, en el corredor, corriendo en busca de no sé que encargo. Ya en el barrio se vuelve a confundir entre los seres de esquina, entre los revendedores cuando quiere comprar algún alimento para su gato, para algún invitado, o para sí mismo. De pulóver raído, allí va. Como si fuera en este mundo un extraviado, o como si a sí mismo también fingiera extraviarse.
Nací en una pequeña finca que todavía mi familia conserva. Fue de mi abuelo, después pasó a mi padre y ahora en ella viven mi padre, dos hermanos, un sobrino, la esposa de mi padre, la esposa de mi hermano. Soy el mayor de tres hermanos.
Era 1945.
Dice mi mamá que yo desde muy pequeño me interesé mucho por los libros. Recuerdo que durante mi infancia pude leer muy pocos porque no tenía acceso a ellos. Solamente había un pariente que de vez en cuando me mandaba Comics. Una vez me regalaron unas versiones muy sucintas de Las Mil y una noches y Robinson Crusoe. Esos fueron los libros que yo leí siendo niño.
Sería al término de la década de los cincuenta.
Después, ya en la Unión Soviética, recibimos clases en las que uno iba conociendo un poco qué era la literatura. Es muy posible que yo, siendo un adolescente, tuviera acceso a esos libros que en aquellos tiempos se vendían en la calle, de una poesía que a nosotros ahora nos parece muy mala. Eran unas recopilaciones de poesía de Buesa, Hilarión Cabrisas y muchos otros poetas.
En la escuela “Máximo Gorki”, cuando estudiaba ruso y cursaba el noveno grado, teníamos un profesor de Química aficionado a la poesía romántica. Se sabía de memoria un poema tremendo que se llamaba La lágrima infinita. Entonces aquel hombre, paraba la clase y empezaba a declamar: «Esa, la que en el alma llevo oculta, la que no salta fuera ni se expande en la pupila…» Disparaba La lágrima infinita hasta el momento final. Era inevitable no toparse en Cuba con ese tipo de poesía; y frente a eso incluso Buesa era un poeta estupendo.
Pero Delfín Prats todavía no había escrito un solo poema por los días en que, siendo un estudiante de ruso en la antigua escuela “Máximo Gorki” del reparto Flores en Playa, resultó el único seleccionado de su aula para continuar estudios en la Unión Soviética. Se fue a Moscú, la segunda de todas las grandes ciudades que había visitado, aunque quizás fuera la primera. Era un muchacho de cultura virgen, ex brigadista alfabetizador Conrado Benítez con labores en La uvita, Sierra Maestra, e incipiente escritor. Aunque, ateniéndonos a la propia definición que de sí mismo ha dejado en la biblioteca provincial Alex Urquiola, habría que rectificar. Leo.
Nunca he cultivado la literatura profesionalmente, por lo tanto no hay razón para considerarme un escritor. Cuando han venido los poemas, los he escrito. Cuando me los han pedido para su publicación, los he entregado. Cuando los he visto aparecer en antologías, me he sentido satisfecho. Nunca he cultivado la poesía, no he aprendido a rimar ni a medir, ni a valerme de recursos retóricos propios de este arte. Si he dado en el clavo ha sido de chiripa. Por lo tanto no hay razón para considerarme un poeta. Y como no soy miembro de cofradía literaria alguna, ni estoy insertado en los medios culturales de Madrid, Roma, Perú, Londres o ciudad Méjico, no hay razón para encasquetarme el sambenito de intelectual. En realidad convendría aplicarme el calificativo de «vate», si la palabra no tuviera connotaciones de una brutalidad y una vanidad desconcertante. O de «nabí», pero es regla que nadie lo es en su tiempo y espacio.
Y Delfín, oyendo lo que otro Delfín escribiera alguna vez, hace uno de esos gestos raros que su ansiedad le obliga. Se tuerce y retuerce en una silla, mira, sonríe, se calma y como si pensara, en voz escuchable:
¿Cómo es posible que yo lo haya escrito? Eso demuestra que la psiquis humana es muy compleja. En realidad estoy justificando el hecho de estar en esa situación de ociosidad cultural, literaria. Estoy tratando de justificarla. Yo soy mi propia naturaleza. Soy eso…la naturaleza original.
Vuélvase al joven que estudiaba ruso en la Unión Soviética e intentemos indagar cómo podrían ser sus primeros contactos con la cultura cubana desde un aula fría, lejana, y enloquecidamente roja, aquellos años.
A causa de la visión dogmática que del arte y la cultura existía en la Unión Soviética mi despertar de la literatura fue mirando hacia Cuba desde allá. En esos momentos no conocía mucho a los escritores cubanos, no conocía mucho de otras manifestaciones del arte aquí en Cuba; pero, siempre estaban las Bohemias que llegaban y dejaban ver cómo aquí había una visión de la cultura completamente diferente. Y como contrapartida de esa visión uno iba elaborando un interés por conocer el movimiento mucho más amplio que reflejaban las publicaciones cubanas de aquel momento.
Al volver a Cuba fue ubicado en el MINFAR como traductor. Es su condición de soldado, además de la calidad poética,  una determinante para que Nicolás Guillén le solicite algunos textos de interés editorial para La Gaceta de Cuba.
Era muy poco conocedor de la literatura cubana. Tenía algunas referencias muy generales, Guillén, Lezama Lima, pero no conocía a ninguno de los escritores cubanos y no conocía mucha de la literatura que se había escrito en Cuba. Quizás había leído poemas en alguna antología, pero no tenía un conocimiento in extenso de ella.
El holguinero garabateaba palabras sobre cualquier papel y, a veces, se decidía a mostrarlo. Protagonizaba una época única dentro del proceso revolucionario cubano, y del resto del mundo: la bohemia habanera y los años sesenta.
Trabajando durante el día y saliendo en las noches participo de la vida nocturna que quedaba todavía en esos años. Te podías encontrar a los jóvenes escritores en la Zorra y el Cuervo, en el Club 23, en El Gato Tuerto, o sencillamente podías improvisar una tertulia con ellos en la calle. Ahí es donde conozco a muchas figuras que habían publicado en las ediciones El Puente, como José Mario, que había sido su director. Conozco a otro poeta llamado Reinaldo García Ramos, a Nancy Morejón, a Miguel Barnet, a Lina de Feria, a Manuel Díaz Martínez. Es en la atmósfera de La rampa, El vedado, en esa zona de ahí, donde yo entro a los ambientes literarios. También recuerdo que los fines de semana se visitaban las playas Santa Maria, Guanabo. Fue en una casa que tenía alquilada Lina de Feria, en Boca Ciega, donde leo por primera vez unos poemas que había escrito y que nunca entraron a formar parte de lo que después sería mi libro porque se me criticó, se me dijo que yo tenía posibilidades para la escritura, pero que todavía esos poemas no estaban logrados, y no los conservé. A partir de los que me gustaron empecé a conformar un libro. Le daba los textos a leer a algunas personas, entre ellas a Reinaldo García Ramos a quien veía en la biblioteca de la Casa de las Américas. Uno de los textos es el poema “Humanidad”, con el que inicio el libro. Ese es el libro que envío al premio David, y es el que gana el premio ese año. ”
Sus trece poemas aparecieron entre la noche habanera, la soledad de un cuarto que guardaba libros en el Estado Mayor del Ejército, y las intensas tertulias con poetas y amigos. El título, Lenguaje de mudos. Tan influyente resultó el ambiente que acompañó al poeta durante el proceso de creación que suele ratificar de imprescindible el conocimiento de la noche habanera de los sesenta para poder entender sus primeros poemas.
Ni siquiera fui a recibir el premio. Me encontraba en la Cuaba cuando el libro gana y yo ni me entero. A través del periódico trataron de localizarme pero no dieron conmigo. Por esa causa no estuve en su recepción. Después sí. Fui a la Habana y me dieron lo que entonces te daban de premio que era un mes de comida gratis mediante unos bonos. Recuerdo que me dieron bonos para que comiera quince días en el Hotel Flamingo, donde almorcé y comí la misma cosa: arroz blanco y bacalao. No había variedad. Los otros quince días los pasé en el Mégano y tampoco varió la dieta, aunque era otra: arroz blanco y patica aceitunada; no recuerdo si tendría aceitunas o no.
Mientras tal era la suerte del poeta, al libro le aguardaba un futuro difícil. Es por todos conocida su historia.
La publicación del libro coincidió con un momento muy difícil dentro del proceso literario cubano como fue el momento del caso Padilla. El libro mío fue como que arrojado por el agujero de la memoria. Es decir, no circuló, no llegó a venderse, no llegó a presentarse, no se habló de él para nada.
Fatal, podría venirle a la mente a cualquiera. Fatal que tu primer libro sea espíritu sin cuerpo, idea que no se materializa. El poeta pudo sentirse como el donante de esperma que arriba a la vejes sin hijos. Peor, me digo más tarde.
 Para el poeta parece que fue una cosa muy complicada porque me aparté de las publicaciones y de todo. Incluso, estuve muchos años sin escribir poesía. Después vine para acá, para la provincia, y seguí escribiendo. No de una manera sistemática, sino cuando se producía el poema.
 ¿Es esa su manera de trabajar?
 Para mí la poesía es una cuestión de aciertos. Es inútil aplicar una técnica para hacer poesía. Cuando se te da el poema tienes que escribirlo. Si es un poema acertado perdura; si falla se queda ahí.
¿Cuánto tiempo permaneció en la capital?
Como traductor de Ruso trabajé alrededor de tres años. Yo tengo que haber regresado para Holguín en el setenta y uno. También estuve trabajando un tiempo en la Academia de Ciencias. En esa etapa conocía más escritores, por supuesto, iba a más actividades de noche. A Holguín regresé porque perdí el trabajo en la Academia de Ciencias como traductor. Tuve un problema laboral y perdí el trabajo. Vine para acá y empecé a laborar en lo que apareciera, en una brigada de la construcción, en la edificación de Secundarias Básicas allá por San Andrés. Vivía con mi mamá.
Fruto de un ambiente distinto, en Holguín, surgió el segundo de sus libros. Para festejar el ascenso de Ícaro corrió una suerte diferente: premio de la crítica, otorgado por las editoriales y el Ministerio de Cultura a las diez obras más representativas del año 1988.
Si para entender Lenguaje de mudos había que adentrase en la noche habanera, para enfrentarse a Para festeja el ascenso de Ícaro es bueno conocer cuanto rodeaba al poeta por aquellos años, aún cuando los textos incluidos en este poemario empezaran a escribirse desde mucho antes.
Es precisamente en los años de creación del Premio de la Ciudad y cuando se produce la aceleración de lo que actualmente es el movimiento literario y artístico de la provincia. En ese momento estaba como figura directriz Alejandro Querejeta, un periodista que cultivaba la poesía y la narrativa, y que fue además un gran animador literario en torno a la creación del Premio de la Ciudad, a la creación de las primeras publicaciones holguineras. Estaban también Alejandro Fonseca, Lourdes Gonzáles, Carlos Jesús García, Pedro Ortiz Domínguez, Lalita Curbelo, Gilberto González Seik. Es decir, había un grupo de escritores bastante nutrido algunos de los cuales aparecen en el disco Un lugar para la poesía, grabado por gestión de Querejeta. Incluyó ahí los poetas que en ese momento eran los más sobresalientes en la ciudad. Algunos de ellos ya no están en Holguín, otros dejaron de escribir.
Presenté los textos que había escrito a lo largo de los años. Es decir, unos textos que en realidad no formaban un cuaderno de poesía, sino que eran la producción de todos estos años desde los setenta, los ochenta. Se le presentó a la editorial Letras Cubanas. En esos momentos estaba Raúl Luis a cargo de la poesía en esa editorial. Cuando él analizó mi libro para la publicación me mandó a decir que hacían falta más textos. Entonces, tomé siete u ocho de los incluidos en mi primer libro, que no había circulado nunca, y los coloqué a inicios de lo que luego sería Para festejar el ascenso de Ícaro.
La poesía de Prats, según apuntan críticos como Jorge Luis Arcos y Manuel García Verdecia se nutre de diversas fuentes culturales. En sus textos el sujeto lírico da testimonio del esplendor o el caos de la realidad. Usa un estilo conversacional sobresaliente por la fineza a la cual relacionan unos lo relacionan con lo sensual, otros con lo erótico. ¿Depende su poesía del erotismo? ¿Es erótica la poesía de Delfín?
Una parte de mi poesía tiene que ver con el tema amoroso. Déjame explicarte. Parece ser que todas las personas tienen una década de su vida donde su labor es más intensa. Es posible que sea entre los veinte y los treinta. No es casual que los mejores libros de muchos poetas coincidan con esa década. Se podría ver en la obra de diferentes poetas. A mí, por ejemplo, que soy un amante de la poesía de Eliseo Diego, me parece que su mejor momento fue cuando escribió En la calzada de Jesús del monte. Es posible que después haya escrito grandes textos en otra etapa de su vida, pero nunca tuvo un momento tan pleno de creación como ese.
En cuanto al Eros, me parece que, aún cuando uno escriba una poesía no erótica (mi poesía no es erótica), el hecho de tener una vida erótica activa te ayuda en el problema de ser mucho más amplio en esas cosas. Está demostrado científicamente que la sensualidad, el hacer el amor, es un elemento positivo en la vida del ser humano. El erotismo, del cual se ha abusado en demasía, es algo muy delicado que en exceso puede entorpecer la grandeza poética de un texto. Hay enormes textos amorosos que son muy buenos. Ahora, el erotismo cuaja mejor en la prosa. A mi me alarma un poco la proliferación actual de esto que se llama erotismo en la literatura. Porque muchas veces no es erotismo, es la crítica del erotismo realizada desde los prejuicios que nosotros tenemos como herederos de la tradición judeo-cristiana. Y de todas formas las mutilaciones de la cual es víctima la persona, no en esta sociedad, sino en la sociedad examinada globalmente, aquí y allá, acá y acullá. Eso no es erotismo. Podía hablarse de erotismo en presencia de un texto que exaltara el goce sensual, que es lícito, que forma parte de la personalidad del hombre, de su condición integra. En el freudismo se sobrevaloró la sexualidad humana, pero la sexualidad es muy importante a la hora de analizar muchas cosas, entre ellas la literatura. Me viene a la mente El amante, de Marguerite Duras, escrito desde una perspectiva de cuatro o cinco décadas a partir de las vivencias que le dieron origen, pero que es una literatura más matizada por la poesía, la memoria. El verdadero arte de una prosa dirigida al erotismo sería exaltar el goce erótico y no hacerlo grotesco, que es lo que se hace por lo general: hacer del sexo un grotesco, algo absurdo que consigue un efecto contrario. Eso sería el verdadero erotismo y no la descripción grotesca de cópulas infinitas y de los príapos totales, que es lo que hace mucha gente y piensa que así resolvió el problema de hacer literatura. Se ignora la condición «sagrada», «poética » de la sexualidad.
En 1991 El esplendor y el caos, el siguiente libro de Delfín Prats, termina publicado por Ediciones Holguín. A dicha obra le sigue Cinco envíos a Arboleda, volumen que obtiene el Premio de la Ciudad y con el cual su autor abandona momentáneamente la poesía para establecerse más en la prosa.
Tengo el librito ese que se llama Cinco envíos a Arboleda, pero ya me convencí de que no soy narrador.
En 1994 aparece Abrirse las Constelaciones. Es casi todo. Su obra es exigua y se encuentra superpoblada de descuidos editoriales como erratas y diseños nada elocuentes.
He tenido muy mala suerte con los editores. Terribles erratas. Por ejemplo la compilación de poemas míos llamada Abrirse las constelaciones salió con más de cien. Aquí en Holguín logramos introducirle una fe de erratas de noventipico, pero tenía más. Y a ese que se llama Cinco envíos a Arboleda el editor lo destrozó completamente. A veces pienso que lo hicieron con toda intención. Porque ese librito mío bien editado es un libro para ser leído… no está mal escrito, obtiene el Premio de la ciudad. Quiero reeditarlo, veremos a ver si puedo. Tengo que sentarme a trabajar en él. El problema es que no sé manejar la computadora.
A mí, que apenas le voy conociendo, esto último que dice me hace pensar que Delfín Prats tiene muchos enemigos. Pero, qué han de enemistarle otros creadores si ya este hombre no escribe, no posee más que un reconocimiento lejano. Luego, aclara:
No tengo enemigos pero contrincantes sí.
Lo ha dicho en broma, irónicamente. Solo que la ironía  siempre me ha parecido mucho más a tener en cuenta que las palabras cargadas de seriedad, y lo agrego.
El problema es que el editor se desentiende rápidamente del texto. El único libro que salió bien editado fue Para festejar el ascenso de Ícaro, sin una sola errata. También Lírica amatoria, publicada por Lourdes Gonzáles. Eso que me sucede con los libros se llama mala suerte, también mal karma. Tengo mal karma, no hay dudas.
¿Tal mal karma lo ha llevado a estudiar la filosofía oriental?, busco su opinión en uno de los temas predilectos por él: el budismo, el islamismo, las religiones comparadas.
Tratando de estudiar la filosofía oriental he topado con libros sapienciales prodigiosos como son el Tao te king o el Bhagavad gita o con la existencia de libros que son inaccesibles como el Libro Tibetano de los Muertos, que nunca he podido leer. O los sutras budistas. De los sutras tengo uno, regalo de un buen amigo: el Sutra de Hui Neng, que incluye los comentarios de este autor, el sexto de los grandes maestros fundadores del budismo Chían en China. En estos libros un lector sin prejuicios puede encontrar la poesía auténtica. Y si uno pudiera profundizar en el estudio de la filosofía de la India encontraría algunas certitudes que han sido luego confirmadas por la ciencia, como es la del carácter cíclico de la evolución o involución del universo, tema de la astrofísica. Actualmente la ciencia considera que el universo evoluciona o involuciona cíclicamente desde siempre. Ahora estamos en una etapa de un ciclo evolutivo, no al final todavía, pero sí bastante avanzado. Entonces llega el momento en que el universo vuelve a contraerse y desaparece para de nuevo volver a surgir al cabo de un periodo determinado de tiempo. En la filosofía de la India eso de llama Kalpa, un Kalpa es un periodo de tiempo enorme, inmenso, que es lo que dura un universo. Al final del Kalpa se dice que ocurre el pralaya, que es la disolución, o la absorción del universo inmanifestado.  Eso se repite cíclicamente. Uno puede aprender todo eso. Claro, hay cosas que para el occidental resultan muy difíciles. Nosotros estamos como que genéticamente constituidos a partir de nuestro modo de pensar, digamos. Creemos en una historia rectilínea, en un tiempo que partió de cero y que va directamente hacia algún objetivo. El pensamiento chino se basa en presupuestos completamente diferentes. Para entender ese pensamiento es muy importante leerse a los maestros del Taoísmo, que es una de las dos filosofías primarias, existentes en China antes de la penetración del budismo, como son el Taoísmo y el Confucionismo. Esta última es una filosofía práctica, que es filosofía yang para la vida. Es decir para el gobierno del estado, para la educación de funcionarios, para el desenvolvimiento de la vida social y económica. Por su parte, el Taoísmo sirve para la vida individual, para el desarrollo interno de los individuos es yin y forma con la filosofía yang una unidad ya que el pensamiento chino se basa en la oposición de los complementarios. Yin no se opone a yang sino que lo complementa y viceversa. He tratado de leer todo lo posible, de invertir mucho tiempo en el asunto. Es por esta razón que he descuidado la literatura artística. En occidente, Aldous Huxley pudo estudiar a fondo estas cuestiones y trató de ellas en su libro La filosofía perenne, donde ofrece trozos escogidos de todas las diferentes formas de pensamiento, lo mismo te puedes encontrar algo de los taoístas, algo del Budismo, del Vedanta, de los sufíes musulmanes conjuntamente con fragmentos de pensadores cristianos para los cuales el contexto de lo divino, la relación con Dios se plantea desde una perspectiva mística. Huxley escribió también una novela cuyo tema es una isla utópica donde expuso, a modo de ilustración, las ideas de la Filosofía perenne. Es un lugar, una isla, donde había imperado un régimen budista con elementos tántricos, hinduistas-tántricos y nos muestra como aquella gente solucionaba sus problemas. Los mismos problemas que nos acucian ahora, la alimentación, la educación, la procreación (que solucionaban maravillosamente bien mediante la cópula tántrica sin emisión seminal), en fin, mi búsqueda de esa filosofía fue casual.
Lo cual no quiere decir que ahora sea literalmente un creyente; aunque, ha dicho Delfín Prats que creer es algo importante para el individuo.
Uno necesita creer en algo, aunque sea en la naturaleza original. Acuérdate que yo he leído y sigo releyendo al sexto y último de los grandes maestros. Te ensañan a creer en la naturaleza original, común a todas las criaturas. Te realizas a partir de ti mismo. Eso es, ciertamente mucho más difícil que confiar en que algo -o alguien- exterior está velando por ti y está tratando de ayudarte, y que también hay una cosa opuesta que está tratando de joderte. En el pensamiento oriental bien entendido todo dualismo falla. Sí, sí, quizás en algún momento me entusiasme y ofrezca una conferencia al respecto. Pero es que, mira… uno no debe tratar de enseñar una doctrina. Eso es muy peligroso y eso lo ensaña el sexto patriarca. Te enseña que no se predica una doctrina. Por eso a cierto budismo se le llama Dharma Adharma, la religión de la no religión. Porque también hay un budismo que cree en el buda de la luz infinita. El sexto y último de los grandes maestros dijo que no importaba que tú creyeses en el buda de la luz infinita y en el paraíso Sukavati porque ¿qué hay de malo en eso? O sea, tú puedes creer que Jesús está ahí y que te va a salvar y está bien. Si eso te ayuda, perfecto. A mi me gusta hablar sobre esto. Claro, con personas desperjuiciadas y que no traten de utilizar este tipo de ideas para crear sectas, para separarse del cuerpo social en una cofradía de seres distintos, iluminados, vestidos de blanco. Estas cosas son útiles cuando le das taller desde una perspectiva desperjuiciada que aplicas para desarrollar tus conocimientos y que es algo noble, que no está demás. Son cosas muy lindas, muy relacionadas con la poesía. No sé si sabes que en Japón no solo la poesía, sino también el arte de los arreglos florales, el arte de la ceremonia del te, y algo genial, que es la ciencia de los samuráis, el arte -o las artes- marciales, hallan su fundamento precisamente en el budismo Zen. Es decir, el dominio que esos señores adquirieron de su arte marcial, en su base, hay un pensamiento filosófico originario de China y de la India, pero aclimatado y desarrollado en Japón.
Entre los últimos trabajos literarios realizados por  Delfín Prats, uno es la antología de poesía El Huracán y la palma, libro que recopila la poesía de diversos autores cubanos.
Todos los grandes están en esa antología. Desde Heredia, pasando por Casals y Martí hasta llegar a Gastón. Me faltan incluir en el libro algunos poetas que han muerto, que serían Heberto Padilla, Ángel Escobar, Luis Rogelio Nogueras, Novás y Luis Suardiaz. Pero, eso no va en la entrevista porque sale publicada y mañana hacen la antología. Ya en Holguín hubo quien se apropió de la idea, pero sin originalidad.
No obstante “El Huracán y la palma” hablamos de una antología personal. Aquella que debe hacerse con los  poetas más influyentes en su obra, y que son los mejores según criterios del propio Delfín Prats.
En una antología de ese tipo tienen que estar Heredia, Zenea, Julián del Casal, José Martí, José Manuel Poveda, Nicolás Guillén, Tallet. De Orígenes: Lezama, Eliseo Diego, Virgilio Piñera y Gastón Baquero. De la generación del cincuenta nada más estarían Heberto y Suardiaz porque los demás están vivos. Apenas Proserpina les de la bienvenida en su reino, entrarán en la antología.
Delfín Prats manifiesta simpatía por la obra de Gastón Baquero. ¿Coincidieron en alguna ocasión?
Durante el encuentro de poesía La Isla entera coordinado por el Instituto de Cooperación Iberoamericana de Madrid. Era un momento en el cual estaban presentes Pablo Armando, César, Heberto, Gastón Baquero. Todo el mundo presentó una ponencia en esa reunión, que fue poética sobre todas las cosas. Entonces coincidí con Gastón en un estanquillo de revistas. Iba con Reina Maria Rodríguez en un auto, que manejaba un amigo de ella cuando dijeron ellos: Mira a Gastón. Estaba en un estanquillo de revista. Bajé para despedirme. Le dije: Maestro, ya me voy; y él me compró el diario El país y me lo regaló. No tuve una larga conversaciones con él, debí haber aprovechado el momento, pero no soy periodista…
Su admiración por Gastón Baquero le hace decir más:
Gastón se quedó sin grandes premios. Merecía el Cervantes. Dulce Maria también era merecedora del premio porque hay una trayectoria en Dulce Maria interesante, la vida que vivió, el hecho de representar algo así como el país.
Otro de los momentos, junto con aquella publicación de Lenguaje de mudos, más controversiales en la vida de Delfín Prats se relaciona precisamente con un antiguo amigo, el escritor holguinero Reinaldo Arenas. Arenas convirtió a Prats en personaje de alguna de sus obras, entre ellas, quizás la de mayor renombre, sus memorias, Antes que anochezca.  
Amigo es una noción excesiva cuando se habla de Arenas, sabido es que rechazaba el amor y la amistad, se jactaba de utilizar a las personas tanto para fines literarios como extraliterarios. El personaje que crea Arenas es exagerado si se compara con el muchacho que yo fui. Un muchacho mucho más inocente, mucho más ingenuo que el personaje de ficción. No es que quiera defenderme ahora, pero yo era un romántico, uno que ballaguianamente se paseaba «con el ombligo al viento» por playas y tugurios. Reinaldo es un gran fabulador y entonces, a partir de los elementos más triviales construía una cosa novelesca. Las peripecias que me atribuyó fueron tremendas. En su escritura todo está hiperbolizado. Esa es la gran virtud del libro que has citado. Como testimonio su escritura falla, como literatura de ficción no. ¡Cómo supo ficcionar todos aquellos años! Aquellos viajes en tren, donde hay cierta dosis de verdad. Es cierto que nosotros cogimos más de una vez el tren aquel en el que ibas de pie entre un tumulto de seres más que generosos, pero en ese tren no se podían hacer aquellas cosas que describe, delante de todo el mundo. Por mucho que uno quisiera, aunque tuvieses el partenaire disponible, no podía. He leído el libro muchas veces y me entretengo muchísimo.
No obstante, debe haber sido difícil para usted verse involucrado en un libro como Antes que anochezca, más si su intención nunca fue abandonar el país, disentir del proceso revolucionario- insisto.
Una vez trajeron el libro aquí a la UNEAC y fue de esa manera como yo pude leerlo. Estaba muy preocupado porque el libro me atribuye tantas cosas…pero bueno, después me reconcilié con él porque todo era una jodedera. En realidad lo que no creo es que determinadas autoridades creyeran que el libro era jodedera. Y es que el libro tiene momentos muy duros, aspectos críticos. Pero, bueno, yo estaba acá. Habían pasado muchos años de los supuestos hechos que narra, así que estaba bastante limpio. El hecho de que aparezca este personaje que se identifica conmigo me pareció a la larga un hecho positivo. La sátira de las costumbres, la literatura satírica ha existido desde tiempos bastante lejanos. Ahí están las obras de Luciano de Samosata, escritor muy del gusto de Reinaldo, que escribió en ese interesantísimo momento en que el mundo grecorromano y helenístico transitaba hacia el cristianismo.
Reinaldo Arenas dice que Delfín Prats era un Hiram Pratt talentoso y satánico.
No creo haber sido satánico. Era un muchacho joven, muy joven entonces.
También afirma a Hiram Pratt como uno de los mejores poetas de su generación, pero que terminó alcoholizado y envilecido.
No podría creerme eso de ser uno de los mejores poetas de mi generación. Y ¿de qué generación? Había llegado tarde al Puente, pero tampoco tenía cabida en El Caimán, casi todos universitarios y excluyentes de ese tipo de discurso que yo traje a esa década, donde sobrevivía un neoromantisismo anquilosado. Creerse entre los mejores de esa década o de esa promoción sería un acto de vanidad. A la hora de señalar afinidades pues creo que mi escritura poética estaba más cerca de la de Lina de Feria o de los primeros libros de Nancy Morejón. Lo de envilecido es circunstancial, lo de Alcoholizado, bueno… confieso que he bebido, y que casi todo lo que he escrito lo debo al poder de las molestas resacas. Es algo que coincide a la bohemia que viví durante aquellos años, con mi disfrute de la noche habanera. Fue una vida muy intensa.
Continúa aclarando otros detalles: se graduó en la Unión Soviética, regresó con su título, nunca estuvo en ningún campo de concentración en oriente, y afirma:
Reinaldo mintió poética y prosaicamente en el libro.
En relación con Reinaldo Arenas yo quisiera agregar algo. Que he sido asediado por cierta prensa y tragado el anzuelo y he tenido que hablar de cosas que son poco alegres, poco festivas. Por lo que he tenido que tomar la decisión de valorar monetariamente - y no de manera humilde - las posibles entrevistas futuras de este tipo. Por eso espero que me dejen en paz.
No cultivo el pasado, no cultivo los recuerdos, mi momento es el de hoy. Lo que quiero decir pretende resumir y cancelar el tema. Reinaldo fue un tipo talentoso y le sobra genio. Pero en su momento le faltó la inteligencia para discernir de qué lado estaban la verdad y la justicia. Una obra puede estar muy bien escrita, incluso puede mostrar la belleza que cierta vida marginal o delincuencial posee, a lo Villon, digamos, pero lo que la posteridad no nos perdonaría es que adulterásemos los hechos de nuestra vida a favor de mezquinos intereses. Su actitud de los últimos años, en la emigración, así como sus últimas palabras, lo arruinan para siempre.
Tú tienes que mantenerte fiel a ti. Yo mismo me he negado siempre ha que se me utilice. Ya una vez hubo una intención. Allí están los periódicos. A Ginebra una persona llevó mi nombre como que era perseguido político en Cuba, que andaba por La Habana pasando hambre. Y en realidad no, yo estaba aquí en Holguín, tranquilo. Tuve que ir hasta La Habana a aclarar el asunto. A lo largo de toda mi vida he mantenido ese tipo de actitudes. He viajado, he estado allá, me he negado a hacer declaraciones, a inventarme una historia de perseguido político y vivir de eso. Porque tú puedes inventar una historia de abusos y persecuciones, y además hacerla coherente, y por un tiempo te tomarán en serio, después también te cogerán para el trajín. Cuando no produzcas ya quedaste. Yo estoy viviendo en mi país, y cuando tú estás en un país tienes que aceptar todas las formas civilizatorias que rigen la vida en ese país. A mí nunca me interesó el exilio.
Al término de este intercambio, me llama la atención cómo un hombre de un pasado como el vivido por Delfín, entre tantos amigos, tertulias y demás peripecias, se encuentre tan solo. ¿Y los amigos? ¿Dónde están los viejos amigos? ¿Tiene amigos Delfín Prats? Entonces bromea.
Los dos gatos. No sé si sean los gatos. También es cierto que me han incluido en las antologías, vamos a considerar que haya sido por amistad. Hablemos en serio. Pienso que en realidad yo tengo buenas relaciones con mucha gente, todo el mundo me trata y yo los respeto a todos, aunque no puedo leer tanta superabundancia. Ahora, lo de la amistad es una cosa tan distinta. A lo mejor también es que yo no cultivo los amigos. Pudiera ser este el hecho de yo esté tan apartado todos estos años.
Fue usted merecedor de la Distinción por la Cultura Nacional y no asistió a recogerla cuando debía. Tampoco recibió el David en tiempo y forma, como ya explicó. ¿Tampoco valora los premios?
Yo no fui a recoger la Distinción por la Cultura Nacional, es verdad. Estaba viviendo cerca del cementerio entonces. Tenía que salir de noche y yo estaba un poco acomplejado por este problema (señala su dentadura). Y sencillamente no fui. Es posible que el día anterior me haya tomado unos traguitos y estuviera resacado. Después me lo entregaron en otro marco, más íntimo todo. Es un problema de imagen. ¿Entiendes?
Claro que uno logra entender a quien más o menos viene siendo Delfín Prats, que no Hiram Pratt o Delfín Prust. Y la que se intentó describir como su casa. De ambas se infiere su vida. La vida de ¿un poeta?, ¿un escritor?, ¿acaso un intelectual? ¿Cómo prefiere por fin que se le defina?
En realidad, me molesta si por la calle me gritan poeta. Pero si en un trabajo de exégesis literaria me nombran como tal yo me siento orgulloso. Por la calle va el individuo común y corriente que tiene que enfrentarse a los rigores de la existencia que te obliga a comer. Sin embargo, en los medios académicos uno sí se siente satisfecho cuando te llaman poeta. Que en el Pedagógico me hagan un homenaje, que un antologador no se olvide de mí y ponga mi poema en su antología: eso es muy reconfortante. No creo que en ello haya una gran vanidad.   



 foto: Kaloian Santos Cabrera
  Publicado por La Gaceta de Cuba. No 3. mayo-junio. 2006.
 

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